Me levanto prontito a eso de las 5:30. Salgo del hostel y cojo un bus desde Kao Shan Road hasta Victory Monument (bien me he librado de coger un taxi). Ahí Yolanda y yo cogimos una furgoneta hasta la frontera de Camboya. Por los atascos matinales en Bangkok tardamos un poco mas en llegar, unas 4 horas para cubrir los 253 kilómetros que nos separan de Aranyaprathet: una pequeña localidad  justo en la frontera con Camboya.

Montamos en la furgoneta y nos sentamos atrás del todo. Necesitaba dormir. Por la noche solo había dormido 2 horas. En mi hostel de Kao Shan Road había varias habitaciones montando fiesta y era imposible conciliar el sueño con los cánticos y gritos de la gente. Conseguí dormir un poco a pesar de los continuos baches de la carretera. Me desperté en una parada que hicimos de media hora para echar gasolina y desayunar. Por fin llegamos. Fuimos a un banco para cambiar euros por dólares, ya que en Camboya prefieren que pagues con dólares americanos antes que con su moneda, el riel camboyano. Para ello primero tuvimos que cambiar los euros a baths (moneda tailandesa) y después los baths a dólares americanos. Acto seguido preguntamos donde estaba la oficina de inmigración de Tailandia para que nos sellaran la salida del país. 4 avispados tailandeses se ofrecieron a tramitarnos el visado para Camboya. Algo que rechazamos ya que había leído que obviamente te sale más caro que si lo haces tu mismo (bendito google). Así que nos dirigimos nosotros mismos a la aduana y rellenamos un papel con nuestros datos. Hicimos cola durante unos 15 minutos y nos pusieron el sello de salida del país. Andamos un poco hacia la aduana de Camboya y rellenamos otro impreso. Pagamos 30 dólares americanos para hacernos la visa de turista. Posteriormente nos mandaron a una oficina para que recogieran nuestras huellas dactilares y nos pusieron varios sellos en el pasaporte. Después de eso ya estábamos oficialmente en Camboya en la localidad de Poipet.

 

Poipet

 

Bangkok me pareció caótico, pero Camboya al menos su frontera no se queda atrás. Polvo, suciedad y pobreza se mezclan en esta parte asiática del mundo. Otra cosa que llama mi atención, es la cantidad y variedad de motos que hay. Hay motos normales, motos con sidecar, motos con carro incorporado. Todas las motos son conducidas por chavales. Casi todos ellos llevan camisetas de su equipo de fútbol preferido. Las de Chelsea y Barcelona son las más llevadas al menos en Poipet. Mientras estábamos rellenando el formulario para la Visa Turista me acerco a una pareja de israelíes y les digo de compartir taxi hasta Siem Reap. El israelí dice que le parece bien. Hace unos años hizo el mismo viaje pero en bus y no le gustó mucho el trayecto, especialmente porque no había aire acondicionado y por la lentitud del bus. Me acerco a hablar con un taxista y acordamos un precio de 1500 baths (unos 36 euros) por el trayecto hasta Siem Reap. En ese momento creíamos que habíamos triunfado que en un periquete estaríamos en Siem Reap, que sería un camino de rosas…nada más lejos de la realidad. Nos ha tocado un conductor capaz de agotar la paciencia de cualquiera. Antes de salir de Poipet para un par de veces a hacer alguna gestión para su beneficio. Una de estas veces realiza un cambio de aceite en el vehículo. Mientras conduce se pone a hablar por teléfono. Así se pasa  la primera hora de viaje realizando varias llamadas y pitando cuando va a adelantar a alguna bici o moto. Aparte le adelanta hasta el coche más lento. Va a una velocidad de 60-70 kilómetros por hora. Vale que no iría a 130 por la carretera por donde íbamos, pero sí que se podía ir a 90-100 sin problemas. De poco sirve hablar con el, ya que no habla absolutamente nada de inglés, cualquier cosa que le preguntamos, el responde con un escueto ‘ok’. Aunque todos sabemos que no ha entendido la pregunta. Así que los cuatro pasajeros nos resignamos a tardar más de lo que deberíamos en este viaje. Al final y poco a poco entendemos que la mejor opción es relajarse, echarse una siesta, contemplar la caótica Camboya en estado puro y sentirse en otro mundo, tan diferente al nuestro.

 

camboya1
 

Llegamos al hostel. Se llama ‘Hi Siem Reap’ Parece tranquilo. Nos recibieron con un té con limón. El servicio es agradable y con un buen nivel de inglés. Tenemos una habitación espaciosa con dos camas y aire acondicionado.  Salimos a dar una vuelta por Siem Reap. Sinceramente no había buscado mucha información en internet sobre esta ciudad. Nos sorprende lo animada que es, el colorido que tiene, la infinidad de puestos de comida que hay. Parece una ciudad muy asiática. Con carteles luminosos, con muchas motos, con música en las calles. La gente es agradable. Da la impresión que algo más espabilados que en Tailandia, pero son buena gente, tranquilos y cordiales.

 

camboya2

 

Entramos en un mercado nocturno. Nos ofrecen meter los pies en una especie de acuario lleno de peces garra, de esos que se comen la carne muerta de los pies. El precio con una coca cola incluida es de dos dólares americanos. Aceptamos. Es una sensación placentera. En determinadas zonas me da cosquillas. Los peces se abalanzan sobre mí. Había como cincuenta peces garra alimentándose de mis pies. Los turistas que pasan al lado se paran a mirar. Se ríen y sacan fotos. Después de hacernos la pedicura vamos a cenar. Me compro un batido de Pitahaya, más conocido como Dragon fruit. Es la primera vez que lo pruebo. Es más no sabía ni que existía. Pero tiene un sabor dulce que engancha. Después voy a un restaurante y pido unas brochetas de pollo con vegetales por tres euros. Me sirven tres brochetas y acabo más que saciado. En España me hubieran cobrado entre 12 y 15 euros por este plato, está claro que Asia es otro mundo. Mañana toca despertarse a las 4:30 para ver el amaneccer desde Angkor Wat. El gran día ha llegado por fin conoceré más sobre la cultura Khmer, visitaré el monumento religioso más grande del mundo, conoceré a mi guía, viviré una nueva aventura…

 

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