Hoy toca hablar de mi viaje a Chiang Rai. A las 10:30 vienen a recogerme para ir desde Chiang Mai a Chiang Rai. Sobre esa hora se pasa un chico por el hostel. Abro la puerta de mi hostel, le pregunto en inglés si va a Chiang Rai. No parece entender, le entrego mi billete, me dice que suba. Arranca la furgoneta. A los 30 segundos de viaje, veo al conductor que está comprobando mi billete con la furgoneta en marcha, y me vuelve a llevar a mi hostel, me dice que va a Pai no a Chiang Rai. No me hubiera importado ir a Pai, el pueblo hippie en las montañas con cascadas naturales e increíbles vistas. De hecho en mi próximo viaje a Tailandia será parada obligatoria. Estoy de nuevo en mi hostel. A los 5 minutos viene otro chico, le enseño mi billete. Le pregunto si va a Chiang Rai, me responde con un escueto ‘Chiang Rai‘. Le pregunto en inglés si nos deja en la estación de buses y cogemos un bus a Chiang Rai os si vamos directos a Chiang Rai en esa furgoneta. Me contesta con un escueto ‘yes’. Está claro que no me ha entendido. Por lo que parece vamos directos a Chiang Rai. En el trayecto comienzo a hablar con un americano residente en Santa Cruz, California. El lleva 7 semanas recorriendo Tailandia, Bali y Camboya. Hablamos sobre cruzar la frontera e ir desde San Diego a Tijuana, sobre las noches salvajes que tienen los americanos en esa ciudad. De lo peligrosa que es para los mejicanos, no así para los gringos, ya que si eres americano eres un puñado de dólares andante. Me habla de que está controlada por el cartel mejicano en todos los aspectos. Ahí el único peligro para un americano es que gastes todos tus dólares en tequila.

La naturaleza en esta parte de Tailandia es salvaje y a ambos lados de la carretera observo pequeños poblados, casas elevadas, palmeras, vegetación selvática… El bus hace una parada de 20 minutos para ver el impresionante templo blanco. Es indescriptible la belleza de este templo. Me deja sin palabras, el más bonito que he visitado de largo, mas incluso que Doi Suthep, en la cercana Chiang Mai. Desafortunadamente está cerrado al público, no se muy bien si temporalmente o todo el día.

 

templo blanco

 

Llego a Chiang Rai y no tengo hostel. Busco cerca de la estación ya que al día siguiente tengo que coger otro bus hacia Chiang Khong. Miro varios bastante caros. Encuentro uno por 300 baths. Me vale. Cerca de mi hostel está el templo Wat Jed Yod. Templo bastante bonito con un buda de un tamaño enorme, el más grande que he visto hasta ahora(todavía no he visitado el buda recostado de Bangkok). Le pido a una mujer alemana de unos 70 años que me haga una foto, la mujer lo intenta pero es imposible ya que está temblando, supongo que tiene principio de parkinson.

 

wat yed jod

wat yed jod

 

Visito Wat Ming Muang, un templo coqueto. Me llama la atención que un monje mayor y otro jóven juegan con un gato blanco. El gato está echado hacia un lado y el monje jóven le acaricia con una cerilla. El monje viejo le dice cosas al gato y el gato parece responderle con maullidos. Observo varios minutos la escena. Se unen mas monjes al templo y todos se ponen a recitar mantras. El gato campa a sus anchas por el templo rozándose con los monjes.

 

wat ming muang

wat ming muang

 

Después visito Wat Klang Wiang otro templo bastante bonito. Al lado se está construyendo otro templo custodiando en la entrada por 2 elefantes.

 

wat klang wiang

wat klang wiang

 

Más tarde visito la Clock Tower. Una torre dorada que cambia de color a las 19:00, 20:00 y 21:00 en punto y que tiene un aspecto bastante británico a decir verdad.

 

clock tower

clock tower

 

Para finalizar la noche voy al Night Bazaar. Un conglomerado de puestos de ropa, comida y souvenirs bastante interesante sin los agobios de la vecina Chiang Mai. Para cenar pido un smoothie de piña y plátano y un abundante plato de pescado, carne todos ellos rebozados y vegetales. En el mismo plato conviven brócoli, calamares y pollo. De postre voy al Seven eleven y compro una imitación de las galletas oreo. Todo en total suma 80 baths(2 euros). La verdad que me esperaba menos de Chiang Rai. La ciudad es menos grande que Chiang Mai, pero con monumentos muy interesantes y mucho menos tráfico. Aparte aquí la gente si que sonríe en cualquier situación. Por ciudades como esta Tailandia es el país de la eterna sonrisa. Todavía me queda revisitar de nuevo el templo blanco con mas tiempo y poder visitarlo por dentro y visitar la Casa Negra, el otro gran atractivo de Chiang Rai. Ha sido un gran día, ahora a descansar.

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