El siguiente relato está basado en las experiencias que tuve este septiembre en Perú con la planta llamada San Pedro. Los indígenas la llamaron así, ya que San Pedro tiene las llaves para entrar en el cielo, y los efectos tras consumirlo son como estar en él, o al menos es lo que ellos decían…

 

3393069879_f39887b071_b

 

Allí estábamos los 5 elegidos, era el último trámite para subir al cielo. No muchos éramos los que teníamos la oportunidad de acceder a el y una vez bebiéramos del cáliz y atravesáramos la puerta, ya no habría vuelta atrás. Dejaríamos esta vida y subiríamos un peldaño mas hacia la autoperfección.

Uno a uno fuimos recibiendo la bebida. Un amargo sabor nos sacudió las entrañas, era nuestro último sufrimiento, necesitábamos purgar nuestros últimos pecados en vida. Cada uno teníamos reservados una suite en el cielo, al menos era lo que en el imaginario colectivo se pensaba. Por lo demás no sabíamos absolutamente nada de lo que nos íbamos a encontrar allí. Llegó mi turno, recibí el cáliz sagrado, incliné la cabeza y bebí rápidamente el líquido. Mi cara era un poema, pero ya se había pasado el mal trago. Había llegado mi hora. Fui hacia la puerta del templo, una vez que la cerrara, mi cuerpo, mi mente y mi alma viajarían hacia otro plano de consciencia y todo cambiaría para siempre.

Ya estoy en el cielo, en realidad no era como esperaba, era muy parecido a la tierra, mas bonito y místico sí, pero parecido. Allí íbamos los 5 elegidos con dos guardianes subiendo una colina. A la izquierda podíamos observar una bella cascada con agua clara y espuma blanca formándose en la caída. A cada uno de nosotros nos iban dejando uno a uno en nuestro Locus Amoenus. Llegó mi momento, me adentré hacia la izquierda en la colina y allí estaba mi suite. Era un lugar despejado de vegetación, con unas vistas increíbles hacia las montañas y la cascada. Abajo había un valle con animales nunca vistos en plena libertad. Era un lugar sagrado y bonito, pero sin ninguna comodidad, es mas, solo había un objeto físico y era una cama de fakir. Nada mas acomodarme empecé a llorar. A llorar muy desconsoladamente, nunca he sabido porque, supongo que es una reacción natural al despojarme de todo lo bueno y lo malo, del ego que tenía en mi mundo anterior, pero no tengo explicación ninguna. Fue breve y el llanto dio paso a una risa igual de inesperada y fugaz. Fui atravesando varios estados emocionales, me empecé a querer mucho a mi mismo, y tuve una conexión total con la naturaleza, con toda la vegetación y los animales, que habitaban el cielo y la tierra, con el aire que respiraba y con las estrellas que en ese momento no podía ver en el cielo, pero sentía que me había fundido con el universo. Era una versión de mi mismo, pero mucho mas conectada con mis instintos y con mi parte animal. Incluso ya no veía a la cama de fakir como algo amenazante, algo había cambiado en mi interior y comprendí que el dolor es algo temporal y me tumbé en ella. Obviamente noté las púas que se hundían en mi espalda y era doloroso, pero al rato el dolor se fue, y el descanso vino en forma de sueño. No pude dormir mucho, fui despertado al poco tiempo, por una bella dama, sus ojos eran azules y su piel clara, no la conocía pero tuvimos sexo sin mediar palabra. Fue cósmico y tuve varios orgasmos seguidos. Su mirada era felina y así como vino se desvaneció en el medio de la nada. Luego de ella vinieron mas mujeres, solo con imaginarlas venían a mi, con los mas bonitos cuerpos que existían, los orgasmos se fueron sucediendo y cuando cerraba mis ojos bonitas formas resplandecientes se formaban en mi cerebro. Rojos, verdes y azules predominaban, me preguntaba si ellas podían verlo como yo. Sus cuerpos femeninos se fundían con el aire cuando terminábamos.

Fue algo primoroso y utópico en mi anterior visión mundana y trivial de las cosas jamás podría haberlo imaginado. Necesitaba descansar un poco, era un día resplandeciente así que me eché en el suelo y me fundí con el sol, supongo que es algo parecido a la fotosíntesis con las plantas, que reciben vida con los rayos solares. El sol no abrasaba mi cuerpo, se introducía por mis conductos auditivos y allí me energizaba como si fuera una pila. Después de este sol, la vida y el hedonismo vinieron a mi. Me levanté. Contemplé a mi alrededor y comprendí que no necesitaba nada mas para ser feliz. Me había despojado de mi vida material e incluso la sangre que brotaba de mi espalda por las púas de metal, era insignificante. Empecé a cantar y bailar, a gritar a mi alrededor, nadie podía oírme porque en el cielo los sonidos se apagan con la distancia. Era sublime, me sentía el rey del universo, y eso que faltaba la gran experiencia por vivir.

Mi piel empezó a caerse, empecé a recibir toda la energía del universo en mí, no podía controlarla. Rápidamente entré en un trance sagrado y místico. Mis manos se retorcieron y adoptaron una extraña pose. Me recliné hacia delante, mientras todo mi cuerpo temblaba. Fue tanta la energía que estaba recibiendo que quise salir de ese trance. No quería experimentar tanto. Quizá fuera demasiado para un recién iniciado como yo. Poco a poco volví a mi estado normal, que ya estaba de por si alterado. Luego se levantó el frío y rápidamente empecé a experimentar emociones y recuerdos de mi vida anterior. Fue como un deja vú, pero solo a medias. Los guardianes que me dejaron aquí, me vinieron a buscar. Fuimos recogiendo a los demás elegidos, y les seguimos hacia una casa rústica y preparada para la meditación. Allí me eché para observar la luna. Tenía un influjo poderoso sobre mí, podía comunicarme con ella. Me dijo muchas cosas. Respiraba muy lentamente, había encontrado la paz y comprendí que las púas de metal, pueden lastimar, o pueden ser el delirio que nos lleva a la razón.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

You may use these HTML tags and attributes:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>