Ya queda menos para ver a mi novia. Hemos quedado en una casa rural cerca de  Caernarfon y voy con el coche cruzando el maravilloso parque de Snowdonia. Debo darme prisa porque pronto se hará de noche y estos días ha nevado en Gales. Haciendo honor a su nombre el parque está precioso y lleno de nieve. A los lados se puede ver un manto blanco que cubre los campos formando una hermosa estampa navideña, siendo este el invierno más frío de los últimos 20 años.

Estoy cruzando el pueblo de Ganllwyd y mi madre me está llamando. Me queda un 22% de batería así que espero que la llamada no tarde mucho ya que en mi móvil estoy usando el gps también. Después de tres minutos le digo a mi madre que la tengo que dejar, que necesito mi batería intacta. Mi madre se queja amargamente: -bla, bla, bla hijo-…No escucho la mitad de la conversación, ya que solo son regañinas de madre repetitivas. La batería ha bajado al 16%, con un poco de suerte no se me apaga el móvil. Estoy entrando en un banco de niebla, algo que no esperaba en absoluto. La cosa se está poniendo algo fea así que enciendo las luces antiniebla, mientras escucho un cd de Jethro Tull.

He reducido la velocidad, son las 5:30 pm, hace ya más de una hora que por aquí ya es de noche, voy pensando en lo calentito que estaremos en la casa rural al calor de la chimenea. De hecho me espera una cena a base de pasta con salmón, ensalada y vino tinto. Tengo suerte ya que mi  novia es una cocinera de primera. De repente tengo que girar bruscamente para no atropellar a una mujer que estaba en la carretera, ha sido solo medio segundo pero he visto el horror en sus ojos.  A quien se le ocurre cruzar la carretera a estas horas, casi la atropello y encima he tenido que invadir el carril contrario para no llevármela por delante. Empiezo a subir por la carretera y cruzo un túnel con mucha luz. Es extraño, pero empiezo a notar mi cuerpo muy ligero como si flotara, supongo que será por la adrenalina del momento. No sé si estoy perdido pero tiene toda la pinta. Quizá he cogido una carretera equivocada o justo cuando casi atropellé a la mujer me despisté y cogí la dirección errónea. Para ser sincero no recuerdo muy bien los instantes posteriores.

 

 

Está siendo un viaje de lo más movido y encima tengo sueño ya que estos días he dormido bien poco. Estos dos últimos meses he trabajado en un proyecto  muy importante y le he dedicado muchas horas. Mi cuerpo me está diciendo basta, así que pararé a echar una cabezadita. Da igual a qué hora llegue, la cosa es llegar sano y salvo. Veo una zona de descanso  así que pararé allí. Pongo la calefacción, no muy alta, ya que tengo una manta. Espero no dormir mucho tiempo, ya que mi novia me está esperando y quiero estar por lo menos dos horas con ella antes de ir a la cama y descansar profundamente. Estoy en ese instante en el que no estoy completamente dormido, pero todavía estoy algo despierto, ese momento en el que nos adentramos en lo desconocido.

Un golpe fuerte golpea mi coche. Es ella: la mujer que casi atropello. Está muy asustada y me pide entrar, dice que si no morirá de frío. Vacilo en hacerlo por un momento, pero sus ojos me dan confianza así que decido tener compasión de ella. Abro la puerta del coche e intento calmarla. Me ha dicho que está buscando una cabaña para pasar la noche que está a mitad de camino de la montaña: Snowdon, pero que no está donde solía, vaya al menos ya sé donde estoy. le digo que suba al coche al asiento del copiloto y le presto mi manta, después de cinco minutos, y de haber subido la calefacción a tope, la pobre sigue tiritando. Tiene unos 20 años, la piel muy blanca, ligeramente pelirroja y sus ojos son azules. Es una chica preciosa la verdad.

Empezamos a hablar un poco, ella tartamudea todo el rato. Me está asustando ya que no para de temblar. Me dice que su novio la ha pegado y la ha echado de casa. Es por eso por lo que estaba en medio de la carretera, en ese momento quería ser atropellada.  Nos miramos directamente a los ojos sin decir nada. Nos damos un abrazo, noto como su cuerpo se calma ligeramente, pero sigue temblando. Me sigue contando sobre su tormentosa relación, sobre los abusos físicos y sexuales a los que se ha sido sometida los últimos 4 años. Es algo triste y doloroso de oír, al preguntarle porque no le ha dejado, me contesta que es lo único que tenía, que en los últimos años solo eran él y ella. Cambiamos de tema de conversación, me cuenta que en el pico de Snowdonia hace siglos se celebraban aquelarres y que las brujas se reunían con el mismo diablo para hacer sacrificios. Le digo que no me creo nada, pero ella, me dice que es verdad, que ella misma tiene antepasados que eran brujas y que incluso hay quien dice que todavía se siguen celebrando esas fiestas.

Nos quedamos en silencio por un rato, no decimos nada, pero mi corazón empieza a bombear con mucha fuerza. Ella me ha dicho que la abrace otra vez, pero ya no está temblando.  Aparte sé lo que significa esa mirada. Nos besamos, no he podido resistirme. Está mal lo que hago, pero me he sentido muy atraído por esta chica desde la primera vez que la vi en la carretera. Sinceramente la dejé entrar por eso, no porque me inspirase o no confianza. No lo he querido decir antes, para que ustedes no pensaran mal de este humilde narrador. Pero sí, la besé con locura porque esos ojos me hechizaron desde el primer momento que la vi, y creo que me gustaría pasar el resto de la eternidad con ella. Lo siento por mi novia, pero mi sentimiento es superior a mí. Separamos nuestros labios y ella empieza a llorar de nuevo. -¿Por qué lloras?- le pregunto, -¿Todavía no te has dado cuenta?- acompáñame. No sé muy bien de qué habla, pero salimos del coche y ella empieza a subir hacia lo alto del pico. La sigo, aunque ella es rápida y alcanza la cima antes que yo. Cuando llego al punto más alto de Snowdonia ella está observando con lágrimas en los ojos. Los dos nos cogemos de la mano, yo caigo de rodillas al suelo, al ver como unas brujas están bailando alrededor de nuestros cuerpos desnudos. Hay una bestia. No alcanzo a saber qué es ya que está erguida y de espaldas y está devorando nuestros cuerpos. Acabo de descubrir que estamos muertos…

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